miércoles, 29 de julio de 2009

una historia real. (Continuación...)

Por: Ruly

En pleno verano se da mucha fruta de temporada como el mango, las ciruelas, las pitahayas, la caña de azúcar, algo de zapote, duraznos etc. y a manera de diversión los sábados y domingos, nos juntábamos todos los niños que teníamos la misma edad y nos íbamos a un río que se localiza cuesta abajo del pueblo, denominado el río cajones que por otro lado se junta con otro denominado río chiquito y entre ambos forma un afluente del río papaloapan, en este lugar había mangos, ciruelas y pitahayas, cabe mencionar que la temporada de las ciruelas y las pitahayas es muy fugaz, maduran demasiado rápido y había una competencia entre los pájaros y nosotros para ganar la fruta, pero como se daban en abundancia si alcanzábamos buena fruta.

El mango era una fruta cuya temporada era un poco más amplia y había mango criollo y de Manila, solo que el de Manila si era cultivado y no se podía tomar sin el permiso de los respectivos dueños

Además de aprovechar la fruta nuestra diversión era nadar en el río, no llevábamos alimentos, todo el día era con pura fruta y por la tarde regresábamos al pueblo y cada quién a su casa a tomar sus sagrados alimentos.

A nuestra edad, sin haber comido más que pura fruta durante todo el día, el haber nadado, y la caminata y de subida del río al pueblo que nos llevaba alrededor de dos horas, y generalmente llevando a nuestras espaldas en pizcadores (canastas de carrizo) ó redes algo de fruta para compartir con la familia, es de imaginarse el hambre con que se regresaba.

La alimentación básica eran frijoles con queso, tortillas hechas a mano una buena salsa y café, los días de plaza en un pueblo vecino se podía conseguir queso, tasajo (carne de res oreada y ligeramente salada para su conservación), pero no todos teníamos acceso más que a los frijolitos y la salsa, en casa generalmente había de todo pues gracias a que mi madre tenía un sueldo, además de que los productos que se sembraban en los terrenos ahora bajo la responsabilidad de mi abuela ya sea que se vendieran para tener dinero en efectivo ó bien se intercambiaban con mercancía y generalmente era con alimentos.

Los días jueves de cada semana en el pueblo nuestro había dos familias que invariablemente uno de ellos hacían barbacoa y la otra mataba marranos, para vender la carne fresca y también hacían carnitas chicharrón y morcilla y en casa generalmente se acostumbraba comprar la barbacoa para el almuerzo del día jueves, y el chicharrón la morcilla para el resto de la semana y la carne de puerco fresca se compraba para preparar la comida, esta se tenía que consumir de inmediato para evitar que se descompusiera ya que no había medios de refrigeración y ni siquiera había energía eléctrica, por tanto se tenía que recurrir en algunos casos a conservar sobre todo la carne fresca utilizando la sal. (Continuará….)

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