sábado, 8 de agosto de 2009

una historia real. (Continuación....)

Por: Ruly

Como ya lo mencioné en algunas de mis entradas de que en mis ratos libres me aparecía en la oficina de correos, donde trabajaba mi madre y me divertía leyendo revistas que aquí se recibían y me mantenían al tanto de sucesos a nivel nacional y mundial, de manera que a diferencia de otros compañeros, esto me fue abriendo los ojos, para saber del mundo exterior de mi pueblo, además de que ya había tenido la oportunidad de vivir poco menos de un año en la ciudad de México, por tanto mentalmente yo estaba preparado para emigrar de mi pueblo y mis objetivos eran muy claros sobre continuar estudiando y llegar a tener una profesión, nunca pensé en quedarme en mi pueblo, ya que esto implicaba trabajar con la rudeza con que lo hace la gente que trabaja en el campo y simplemente esto no era para mí.

Terminé mi sexto año, hicimos un viaje con mi madre a la ciudad de Oaxaca, para tomarme las fotografías respectivas para el certificado de Primaria, y así se iniciaron los trámites para obtener dicho certificado.

Mientras tanto mi hermano que vivía en México, estaba al tanto de los exámenes de admisión para ingresar al Instituto Politécnico Nacional a la Prevocacional, sin embargo la entrega de los certificados se retrasó demasiado de tal forma que cuando yo tuve mi certificado, los exámenes de admisión ya se habían llevado a cabo, por lo tanto no tuve la oportunidad de ingresar a la Prevocacional.

Nos encontramos con otros paisanos de nuestro mismo pueblo, y que estaban estudiando en una Escuela Secundaria Nocturna, y como el asunto era no perder el año, me inscribieron en esta Secundaria y aquí llevé a cabo mis estudios de nivel secundaria.

Así empecé a asistir a clases, al principio uno de los paisanos a quien le pidió mi madre pasara por mí todos los días en lo que yo aprendía a recorrer la ruta, y así lo hizo amablemente, tal vez por unos quince ó treinta días no recuerdo exactamente.

A diferencia de mi primera vez en México en el que fui aceptado fácilmente por los compañeritos en la escuela, aquí notaba un poquito de más hostilidad a pesar de que eran personas mayores que yo, pues era una escuela para trabajadores, sin embargo, no todos eran difíciles, la gran mayoría me aceptó con relativa facilidad, ó tal vez con indiferencia, uno llega del campo con sangre indígena, carente de malicia, creyendo que toda la gente era buena, y con el tiempo se va uno dando cuenta y va uno adquiriendo experiencia y se empieza uno a blindar no para ser malo sino para protegerte.

Menciono lo anterior porque continuamente en el grupo donde yo estaba y en general en toda la escuela sobre todo en los primeros años por cualquier situación siempre había choques, pleitos de palabra y los agarrones a la salida, esto para mí era extraño, yo nunca vi pleitos en el ambiente de donde venía, de tal forma que ahora tenía que aprender a vivir este ambiente, ya que no faltó aquel que por el simple hecho de mirarlo te reclamaba, te amenazaba y te retaba a la salida, nunca caí en estas provocaciones, en primer lugar yo no era de pleitos, no sabía meter las manos, tal vez si se hubiera presentado una situación inevitable, hubiera tenido que defenderme y tal vez hasta hubiera aprendido a meter las manos, que así es como sucede, a un perro tranquilo lo vuelves agresivo de tanto estarlo molestando, afortunadamente no tuve que llegar a estos niveles, porque además sucede algo, esta gente con estos instintos agresivos se fueron quedando, reprobando materias y otros se fueron retirando de tal forma que la gente que continuamos nuestros estudios éramos los más dedicados a estudiar y no a buscar pleitos.


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