Olvidé mencionar que al llegar a la ciudad de México, lo hicimos a la casa de mi hermano, que rentaba un departamento pequeño junto con otras personas en el corazón de la colonia Santa Julia y viniendo uno del campo obviamente ignoraba que se trataba de una de las colonias más difíciles de la ciudad de México, niños y jóvenes todo el día jugando fútbol en la calle y que al transitar por la misma había que hacerlo con mucho cuidado para evitar ser golpeado o por las personas ó por las pelotas y cuidado al reclamar porque la calle no era para transitar sino para jugar, eran realmente personas groseras malvivientes que no respetaban edades, era una calle de tierra no había pavimento.
Cuando yo salía de la casa para realizar cualquier actividad, pero principalmente para ir a la escuela me miraban como si fuera un ser extraño ó desadaptado y yo sentía el rechazo, nunca me hicieron nada y fui tomando confianza, tampoco me mezclé con ellos, solo por mi lado fui armando mi mundo y como cualquier animalito recién nacido cuando abandona su madriguera fui ampliando mi zona cada vez más, hasta que me integré totalmente a lo que era la ciudad de México, pues recorría toda la calzada México Tacuba, Ribera de San Cosme, Puente de Alvarado, llegaba al Zócalo, y me seguía hasta la zona de la merced, siempre midiendo los riesgos todo esto lo hacía a pie, dándome siempre el tiempo para regresar y prepararme para asistir a la escuela ya que la entrada era a las 17.30 hrs.
Al no contar con recursos suficientes para adquirir libros que nos recomendaban leer, la maestra de literatura nos mencionaba de las diferentes bibliotecas en donde podíamos conseguir estos libros, empecé a tomar gusto por la lectura y así fui conociendo de las bibliotecas existentes en la ciudad.
Posteriormente conocí el Plan Sexenal, y empecé a asistir a jugar basquetbol, empecé a conocer gente y como no era tan malo jugándolo, me empezaron ajuntar para armar los equipos y jugar las famosas retadoras, llegamos a ser un grupito que éramos bastante buenos, que ya no había equipo que nos ganara por tanto se empezó a manejar dinero, no era mucho, pero empecé a ganar mis primeros centavos.
Después conocí Chapultepec y me llamó mucho la atención asistir a la casa del Lago y presenciaba unos verdaderos torneos de ajedrez, me empecé a meter y aprendí a jugar el ajedrez, que después también lo jugué con unos señores ya grandes en una peluquería cercana a la casa y que eran unos verdaderos coyotes en esto, pero me sirvió porque con ellos por lo menos me fui fogueando porque nunca les gané.
Todas estas actividades las realizaba durante la mañana, sin descuidar nunca mis estudios.
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