Por: Ruly
No todo era juego, obviamente había que atender la escuela, sin embargo no recuerdo muy bien como fueron mis dos primeros años de primaria solo recuerdo que todos los días me ponía a estudiar y a hacer la tarea en alguna mesa improvisada y junto con mi madre que era maestra en la misma escuela, pero en otros grados, sin embargo estos momentos se terminaron ya que mi madre cayó enferma y tuvo que trasladarse a la ciudad de México para su atención médica.
No todo era juego, obviamente había que atender la escuela, sin embargo no recuerdo muy bien como fueron mis dos primeros años de primaria solo recuerdo que todos los días me ponía a estudiar y a hacer la tarea en alguna mesa improvisada y junto con mi madre que era maestra en la misma escuela, pero en otros grados, sin embargo estos momentos se terminaron ya que mi madre cayó enferma y tuvo que trasladarse a la ciudad de México para su atención médica.
Mi padre existía pero yo no lo conocía, por alguna razón el no vivía con nosotros y tampoco tuvo las atenciones propias de un padre hacia sus hijos por lo tanto yo continué mi vida al lado de mis abuelos, para mí esto fue un cambio radical porque de ser un niño consentido por su madre, también lo era de mi abuela, pero el abuelo yo recuerdo que era sumamente enérgico en todos los sentidos tal vez muy consciente pero en esos momentos uno no entiende de estas cosas, todo esto ocurrió cuando yo iniciaba la educación primaria y dos años después mi mamá que ya había salido de su problema de salud se quedó en México con mi hermano mayor que con anterioridad había emigrado del pueblo hacia la ciudad de México.
Mi madre obtuvo un empleo en algún lugar, pidió a mis abuelos que me trajeran con ella para continuar con mis estudios y ya buscar asentarnos en la ciudad.
Al llegar a la ciudad de México, ustedes se imaginarán todo era novedad y a todo se le ponía atención, los anuncios luminosos, el ruido de los aviones, el silbido de los trenes las campanas del reloj de la torre latinoamericana en fin todo lo que se puedan imaginar y que cualquier niño de la ciudad ya no percibía, y que pronto paso a formar para mí parte de lo normal y poco a poco dejó de ser perceptible.
Me inscribieron rápidamente en una escuela primaria y de inmediato me integré no me costó ningún trabajo por el hecho de ser un niño indígena, al poco tiempo ya tenía muchos amiguitos y de igual forma se jugaba a las canicas al trompo al yoyo, al balero, es decir había más variedad de diversiones además de otras que nosotros inventábamos.
A partir de aquí mis recuerdos son más claros sobre todo en la escuela porque tuve una maestra que me estimaba mucho porque me hacía participar en todas las materias pero en las que tenía más habilidad era en matemáticas y para los problemas era muy rápido para dar los resultados, nunca fallé en las tareas y además no era faltista ni por flojera ni por enfermedad, por tanto me convertí en un ejemplo para todo el grupo.
Mi madre me daba diariamente algo de dinero, con lo que yo alcanzaba a probar una que otra golosina, recuerdo muy bien y no se me podrá olvidar el primer sope que me comí a la salida era sencillamente delicioso con su salsa verde y luego los chicharrones de harina con su salsa valentina las famosos paletas de dulce pirulí y otras cosas más.
Regresaba a la casa a comer, comía sólo porque mi madre trabajando y mi hermano también trabajando y después se iba a la escuela y generalmente regresaba a la casa muy tarde, a él casi no lo veía, pero a pesar de todo y probablemente en ausencia de un padre mi hermano mayor era mi ejemplo a seguir, trabajar y estudiar.
Al estar en la ciudad con todas las novedades prácticamente me olvidé de todo lo relacionado con mi pueblo, porque ahora tenía nuevos amigos, nuevas diversiones estaba al lado de mi madre y como esponja estaba aprendiendo y conociendo nuevas cosas y así transcurrió casi un año hasta que ocurrió lo inesperado y vino otro cambio que ya les relataré en el siguiente capítulo.
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