Por: Ruly
Olvidé mencionar en mi relato anterior que cursaba el tercer año de primaria y diariamente ó pasaba ó pasaban por mí algunos amigos que estudiaban en la misma escuela, la gran mayoría estábamos en diferentes escuelas de manera que nos reuníamos en cuanto salíamos de la misma, para diferentes actividades una de las favoritas era jugar a las carreras con unos aros de deshecho que se generaban de una fabrica de cuñetes que se encontraba ahí cerca, nosotros los recogíamos y con un trozo de alambrón fabricábamos una especie de gancho con el que empujábamos los aros y con esto desarrollaban una velocidad increíble, además de que se podían dirigir y para esto éramos unos expertos ya que para nosotros no había ningún otro tipo de juguete.
Vivíamos en una zona cercana a unos terrenos sembrados de maguey pulquero, crecía también ahí cerca una un pasto que daba una flor cuyo pedúnculo era un popote largo, con esto fabricábamos nuestro popote y nos internábamos entre los magueyes para burlar al tlachiquero y robarnos el aguamiel de los magueyes.
El tlachiquero es la persona que recolecta el aguamiel de todos los magueyes que están en producción y lo traslada al área en donde se fermenta para convertirse en pulque de tal forma que lo que nosotros consumíamos era el aguamiel antes de fermentar por tanto no había ningún efecto embriagante puesto que aún no contenía alcohol yo recuerdo que cuando el tlachiquero se daba cuenta, nos ponía unas corretizas y claro que nunca nos daba alcance.
Otra diversión era salir a pajarear, esto era ir a matar pájaros en el campo, para lo que cada quien se compraba su resortera, aquí era diferente que en mi pueblo ya que allá nosotros fabricábamos nuestras resorteras escogiendo la mejor rama en forma de horqueta y con todo y cáscara y verde se metía entre las brasas para darle más dureza.
Por la noche después de un día intenso uno se ponía a hacer la tarea y a estudiar en la temporada de exámenes y realmente yo no recuerdo haber tenido ninguna dificultad en la escuela por no hacer la tarea ó por no entender las clases del maestro, todo para mí era fácil, ya les he mencionado que mi maestra me consideraba uno de sus mejores alumnos.
Lamentablemente ya casi al finalizar el año escolar, recibimos la noticia de que mi abuelo había enfermado, y mi madre de inmediato preparó el regreso al pueblo, obviamente conmigo al lado porque aquí en México no había con quien me dejara, no hubo tiempo ni siquiera de avisar en la escuela ya que fue tan repentino todo y así nos fuimos, de México a la ciudad de Oaxaca el viaje lo hicimos por tren, para mi lejos de preocuparme por la enfermedad del abuelo el viaje era tan agradable desde los silbidos del tren anunciando la salida ó la llegad a cada lugar que pasaba y también los pobladores de cada lugar ya sabían el horario en que el tren llegaría y tenían todo listo, como el tren se detenía en cada lugar para subir ó bajar pasajeros los vendedores subían a ofrecer sus productos como los tamales, atoles, enchiladas, gelatinas etc. etc., todo esto formaba un espectáculo tan único tan especial y vistoso y sobre todo para un par de ojos como los míos que no habían visto antes nada parecido realmente lo disfrutaban, no comiendo porque no recuerdo que mi madre comprara algo, pues seguramente íbamos muy limitados, sino el ver como esto ya formaba parte de una costumbre porque la gran mayoría de la gente compraba y los que no pues llevaban algo para comer y todos iban comiendo algo una vez que el tren arrancaba para continuar el viaje.
No recuerdo muy bien pero creo que el tren salía de México a las 5 de la tarde para llegar a Oaxaca alrededor de las 11 de la mañana del día siguiente de manera que era un largo trayecto de 16 horas de viaje.
Ese mismo día que llegamos a la ciudad de Oaxaca saldríamos hacia mi pueblo y esto se los relato en el siguiente capítulo.
Vivíamos en una zona cercana a unos terrenos sembrados de maguey pulquero, crecía también ahí cerca una un pasto que daba una flor cuyo pedúnculo era un popote largo, con esto fabricábamos nuestro popote y nos internábamos entre los magueyes para burlar al tlachiquero y robarnos el aguamiel de los magueyes.
El tlachiquero es la persona que recolecta el aguamiel de todos los magueyes que están en producción y lo traslada al área en donde se fermenta para convertirse en pulque de tal forma que lo que nosotros consumíamos era el aguamiel antes de fermentar por tanto no había ningún efecto embriagante puesto que aún no contenía alcohol yo recuerdo que cuando el tlachiquero se daba cuenta, nos ponía unas corretizas y claro que nunca nos daba alcance.
Otra diversión era salir a pajarear, esto era ir a matar pájaros en el campo, para lo que cada quien se compraba su resortera, aquí era diferente que en mi pueblo ya que allá nosotros fabricábamos nuestras resorteras escogiendo la mejor rama en forma de horqueta y con todo y cáscara y verde se metía entre las brasas para darle más dureza.
Por la noche después de un día intenso uno se ponía a hacer la tarea y a estudiar en la temporada de exámenes y realmente yo no recuerdo haber tenido ninguna dificultad en la escuela por no hacer la tarea ó por no entender las clases del maestro, todo para mí era fácil, ya les he mencionado que mi maestra me consideraba uno de sus mejores alumnos.
Lamentablemente ya casi al finalizar el año escolar, recibimos la noticia de que mi abuelo había enfermado, y mi madre de inmediato preparó el regreso al pueblo, obviamente conmigo al lado porque aquí en México no había con quien me dejara, no hubo tiempo ni siquiera de avisar en la escuela ya que fue tan repentino todo y así nos fuimos, de México a la ciudad de Oaxaca el viaje lo hicimos por tren, para mi lejos de preocuparme por la enfermedad del abuelo el viaje era tan agradable desde los silbidos del tren anunciando la salida ó la llegad a cada lugar que pasaba y también los pobladores de cada lugar ya sabían el horario en que el tren llegaría y tenían todo listo, como el tren se detenía en cada lugar para subir ó bajar pasajeros los vendedores subían a ofrecer sus productos como los tamales, atoles, enchiladas, gelatinas etc. etc., todo esto formaba un espectáculo tan único tan especial y vistoso y sobre todo para un par de ojos como los míos que no habían visto antes nada parecido realmente lo disfrutaban, no comiendo porque no recuerdo que mi madre comprara algo, pues seguramente íbamos muy limitados, sino el ver como esto ya formaba parte de una costumbre porque la gran mayoría de la gente compraba y los que no pues llevaban algo para comer y todos iban comiendo algo una vez que el tren arrancaba para continuar el viaje.
No recuerdo muy bien pero creo que el tren salía de México a las 5 de la tarde para llegar a Oaxaca alrededor de las 11 de la mañana del día siguiente de manera que era un largo trayecto de 16 horas de viaje.
Ese mismo día que llegamos a la ciudad de Oaxaca saldríamos hacia mi pueblo y esto se los relato en el siguiente capítulo.
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