lunes, 15 de junio de 2009

una historia real (Continuación)

Por: Ruly

Llegando a la ciudad de Oaxaca, mi madre de inmediato se trasladó al lugar en donde salían los camiones cargueros que van al lugar que les he mencionado se encuentra cerca de nuestro pueblo y yo recuerdo que estaba por salir uno y de inmediato nos dispusimos a abordarlo acomodándonos sobre los bultos de la mercancía que transportaba y así iniciamos nuestro viaje, para recorrer aproximadamente unos 200 km. y que por las características del camino duraría aproximadamente unas 12 horas según nos informaron.

El camino al principio era pavimentado hasta aproximadamente unos 100 Km. lo que representó no mucho problema más que la incomodidad, después de los primeros 100 Km. el resto del camino era simplemente difícil, era pura terracería y en un mes de septiembre con lluvias intensas había lugares en que eran verdaderas zanjas, tuvieron que encadenar las llantas para evitar el atascamiento y continuamente se tenían que bajar los ayudantes (macheteros) para con palas y picos rellenar las zonas más difíciles y poder pasar, todo este trabajo se hacía al fragor de una intensa lluvia acompañada de rayos que lo sacudían a uno cada vez que tronaban y esto era muy seguido.

En una situación así ocurrió lo que tenía que ocurrir, el camión se descompuso cuando tal vez habríamos recorrido cuando mucho 4 ó 5 km. del camino de terracería.

Intentaron reparar la falla pero simplemente no era posible, tenían que regresar a la ciudad de Oaxaca para comprar las refacciones necesarias y esto lo harían al día siguiente, siempre y cuando la intensa lluvia y los rayos cesaran.

Mi madre ante la urgencia de llegar con mi abuelo tuvo que tomar la determinación de continuar a pie, con el aguacero y los rayos que eran muy intensos, pues era una zona montañosa y de mucho bosque, como todo mundo lo sabe, esto resultaba peligroso en aquel entonces yo no lo sabía.

Serían aproximadamente a las ocho de la noche cuando iniciamos la caminata, no llevábamos impermeable alguno, alguien nos prestó unos costales para protegernos de la lluvia, estos pronto resultaron muy pesados, nos alumbrábamos con una lámpara de mano que mi madre llevaba y solo me decía que siguiera sus huellas, para esto ella daba un paso y alumbraba hacia atrás haciendo un movimiento pendular para que yo identificara las huellas, ella poder avanzar y continuar así, la noche era sumamente obscura, en aquel entonces calculo que tendría yo unos ocho años de edad, por lo que esta travesía resultó para mí inolvidable.

Caminamos muchísimo, con la ventaja de que mi madre conocía el lugar y siendo del campo uno desarrolla el instinto de orientación ya que tomaba veredas y ubicaba bien los poblados cercanos por los que pasábamos (no eran muchos).

Aproximadamente a la una de la mañana, llegamos a un poblado cercano al nuestro en donde algunas personas conocían a mi madre y con esa confianza buscamos los domicilios para que nos auxiliaran con algo de ropa seca, para esto la lluvia ya había cesado y así fue localizamos a una amiga de mi madre y de inmediato encendió una fogata, nos proporcionó ropa seca y nos preparó un café delicioso, nos ofreció alojamiento para quedarnos ahí y continuar al día siguiente, pero mi madre le platicó la urgencia de llegar a nuestro pueblo por la enfermedad de mi abuelo.

Después de descansar un muy buen rato, continuamos caminando por espacio tal vez de una hora y finalmente llegamos a la casa de mis abuelos, despertando a todo mundo pues varios familiares acompañaban a mi abuela por la situación de mi abuelo, generalmente así ocurre en los pueblos cuando alguien cae enfermo por alguna enfermedad grave, los conocidos ó familiares más allegados se solidarizan con la familia en los momentos difíciles.

De inmediato mi madre se incorporó y se enteró de la gravedad de la enfermedad de mi abuelo, y seguramente yo me dispuse a descansar lo demás no tenía yo mucha conciencia de la importancia de lo que estaba sucediendo……..



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